Mi filosofía

Para una respuesta que no se puede expresar, la pregunta tampoco puede expresarse.
Ludwig Wittgenstein. Tractatus
En cada filosofía están todas las demás como ingredientes, como pasos que hay que dar en la serie dialéctica. Esta presencia será más o menos acusada y, tal vez, todo un viejo sistema aparece en el más moderno sólo como un muñón o rudimento.
José Ortega y Gasset. Origen y epílogo de la filosofía

Yo entiendo que el sentido de la vida será aquel que cada cual sea capaz de proporcionarle a la suya propia.

Hay vidas que están despojadas de significado por la falta de osadía intelectual de sus propietarios y otras que pueden tener un sentido cuando, con mucho esfuerzo, se basan en actos de libertad éticamente coherentes. Encontrar un sentido a la vida se trata, en mi opinión, de una tarea vital individual y personal de enorme dificultad.

Ello implica que, si no se construye un proyecto, una interpretación y un sentido a tus actos, es perfectamente posible pasar por la vida sin dotarla de un significado. Vivirla por el camino de mínima resistencia social haciendo siempre lo que los demás esperan (desean) que sea tu día a día, tu existir en el mundo. Aceptando quizá una interpretación externa, pidiendo a otras personas, a un libro, a una religión, que nos proporcionen el significado y sentido, las pautas de cómo actuar en todo momento. Supeditando la aceptación de las propias creencias a que se amolden a una moral externa, sea esta paradigmática o de una minoría social.

Para mi la filosofía occidental es el esfuerzo del ser humano de pensar por si mismo, por pensar qué es el mundo, cómo debo actuar en él y ello, como esfuerzo, es un gran esfuerzo. Es infinitamente más cómodo buscar un conjunto de verdades ofrecidas desde fuera por una ideología, por una superstición, por un grupo, que cuestionarse las propias creencias y buscar que sean completas, no contradictorias y con ausencia de falsedades. Una tarea siempre inacabada y formidable que invita a la pereza, a dejarse llevar y a comprar un conjunto de lemas enlatados por otros, un catecismo de preguntas y respuestas simples para cuestiones complejas que no reclamen tanto esfuerzo a la hora de aceptar acríticamente. Para mi la fe es incompatible con la filosofía. La filosofía es un compromiso vital con la verdad. Con el esfuerzo de encontrarla. Con no tenerle fe a una verdad dada desde fuera como un mero ejercicio intelectual de forzar la aceptación en uno mismo. De creer algo "porque si". Es optar por no elegir las verdades que creemos desde la mera apetencia estética. Lo que siempre hemos creído desde la infancia. De no elegir lo que queremos creer solamente porque es más agradable, más sencillo, porque me viene dado por mi familia o por mi cultura, por mi entorno. Porque encaja en mi ideología o en mi pose.

Los problemas complejos tienen respuestas complejas, parciales y no del todo satisfactorias a veces. Tardan en llegar y hay que revisarlas y cambiarlas a veces. Pensar implica desaferrarse y desaprender con el dolor que ello supone. Implica exponer las propias ideas para que sean rebatidas con humildad intelectual que suele ser malinterpretada como soberbia por quien hace lo contrario, por quien tiene "su verdad" y no está en condiciones de exponerla a un diálogo.

ἀγεωμέτρητος μέδεις εἰσίτω
En la Academia de Platón, delante del templo de las Musas estaba escrito:
‘No entre nadie que no sepa matemáticas"
De hecho elegir la filosofía "como filosofía", es decir, optar por ser filósofo en mi caso como forma de existencia, implica un compromiso. Implica construir la existencia como una historia que tenga un sentido completo, que tenga una dirección, un objetivo. Para ello se necesita una ontología, una gnoseología, una epistemología, una antropología y una ética coherente entre si. Es decir, una teoría del conocimiento, establecer cómo es el mundo, de qué está hecho, qué somos en él y cómo debemos actuar cada cual y en especial yo mismo en cada momento.

A modo de breve resumen esta es mi filosofía:

Nuestro pensamiento es lenguaje, una conversación con nosotros mismos, por tanto, el mundo que podemos conocer es un conjunto de enunciados (sobre el mundo) que son un modelo, una interpretación, de lo que percibimos a través de los sentidos (incluyendo las percepciones de los instrumentos científicos que amplían nuestra percepción). Sobre lo que no se puede decir nada desde la ciencia, no se puede hablar desde la ciencia y la filosofía.

Mi visión del mundo implica una epistemología basada en una visión crítica de la ciencia y sus métodos y un feroz cuestionamiento de cualquier afirmación realizada desde fuera de la ciencia, incluso... especialmente, desde la filosofía. Implica el rechazo de cualquier superstición o creencia no basada en los hechos y en la razón.

El ser humano es un animal, un ser biológico, como cualquier otro ser vivo, producto de un proceso evolutivo en el que no participa ningún ente sobrenatural y, como tal, carece de una función, dirección apriorística, destino o relación de jerarquía superior con respecto al resto de los entes vivos desde un punto de vista biológico. Lo que le diferencia y le proporciona su particular identidad es su mente, un proceso emergente de la materia que le permite tener un lenguaje simbólico con el que realizar operaciones que denotan inteligencia. La mente y la inteligencia son, desde el punto de vista biológico, una estrategia adaptativa más, no exclusiva del ser humano seguramente, pero desde el punto de vista del cognitivismo, el hecho central del Universo. No puedo observar el mundo desde una perspectiva distinta de la perspectiva de un ser humano, precísamente, por serlo.

Para actuar haciendo lo que debemos hacer, tenemos que tener un compromiso vital con la verdad. Respetarnos a nosotros mismos para no creer algo porque simplemente queremos creerlo de manera que una creencia de este tipo nos lleve a un acto que no haríamos si creyésemos lo contrario. A lo largo de la vida se presentan pocas oportunidades de ejercer una verdadera libertad y, aprovechar estos momentos, es un ejercicio de humanidad. Es lo que nos hace personas, lo que dota de sentido a nuestra vida, lo que nos haga el personaje de una historia que merezca la pena ser contada, al menos, a nosotros mismos.