jueves, 15 de diciembre de 2016

2017


"Nada fija tan intensamente algo en la memoria como el deseo de olvidar"
Michel de Montaigne
Somos muchos los que entre semana, de madrugada o al atardecer, en invierno y en verano, también incluso unos pocos locos a pleno sol del de mediodía en julio, cuando cae fuego del cielo de Madrid, damos una vuelta alrededor de ese bosque que tenemos junto a a la capital, la Casa de Campo, siguiendo esa ruta conocida como "la Tapia". Una ruta que puede ser exigente, ya que tiene las cuestas y los llaneos justos en sus dieciséis kilómetros para exprimir todo el jugo vital de las piernas.

La actual tapia es una reforma sobre una construcción más antigua de Francesco Sabatini, el arquitecto que Carlos III empleo para dar a Madrid el aire moderno que este rey quiso importar desde Nápoles.

La tapia a su paso por el arroyo de Prado del Rey,
con unos característicos arcos que permiten
la circulación de las aguas por debajo de él.
Para muchos la vuelta a la tapia es un ritual curativo. Un circuito que nos permite ordenar las ideas, navegar a través de los recuerdos tratando de interpretarlos y darles un sentido mientras las piernas, casi por su cuenta, recorren las diez millas más rápido o más despacio dependiendo del nivel que entrenamiento que tengamos en ese momento. La mente vaga desordenada, pensando en la corte de Madrid durante el periodo del despotismo ilustrado, por el Madrid de 2016 que también tiene corte aún y cortes, de tráfico, que molestan a los cortesanos. La mente vaga por los acontecimientos del día en la empresa en la que uno trabaja y los personajes que la habitan y en carreras hechas, en carreras por hacer, en el desastroso año deportivo que ha sido 2016 con tan escasos resultados tangibles.

Y es que, al final, casi todo lo que sabemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos lo construimos sobre los recuerdos, una vez tragados, ya digeridos y metabolizados por las encimas de la re-interpretación, de la reconstrucción y comprensión que a menudo cambia el sentido e incluso el contenido de lo que recordamos. 

Es por ello que olvidar todo aquello malo que hemos vivido es un ejercicio de voluntad en alguna medida, un esfuerzo de relatarse los acontecimientos de manera que extraigamos de ellos una interpretación positiva si es posible, y si no es posible, que al menos nos sirva para mejorar nuestra comprensión y en el futuro no caer en las mismas trampas y aprender a huir de aquellos  seres que solamente nos aportan un mal, "aquello que no es adecuado a ningún fin". Zancada a zancada, dando una vuelta sobre el eje descentrado del cerro Garabitas, siguiendo la mampostería de Sabatini alrededor del bosque de Madrid. Tapiaterapia al menos un día a la semana.

Dicen aquellos que dicen saber de esto, que tratar de olvidar, negar lo vivido, solamente es contraproducente, que hay que elaborar los recuerdos para poder asimilarlos. Parece que ocurre como cuando tratamos de dormir y ese sobreesfuerzo por conciliar el sueño nos activa y nos impide descansar pero, paradójicamente por el contrario, como cuando tratamos de mantenernos despiertos y ese ejercicio hace que la mente se nos extravíe y caigamos en brazos de Morfeo. Como cuando tratamos de olvidar una melodía y no podemos sacárnosla de la cabeza, como, al revés, cuando de tanto escuchar esa canción que nos gusta, nos acabamos aburriendo de ella y al final terminamos por alejarla de nuestra playlist para siempre.

Cuesta para arriba, cuesta para abajo, adelantar una bicicleta en la siguiente subida y un traguito de agua en la fuente a mitad del recorrido, Se cruza fauna no humana de la casa de campo, si es muy temprano, incluso un zorro puede escapar por el camino cuando un runner madrugador le sorprende en el intento de desayunarse un conejo. Uno de los muchos que llenan de madrigueras las laderas de las vías del tren que cruza el enorme parque. La mente se distrae y piensa en las carreras del año que viene, en futuros retos y en pasados fracasos y en como sacar lo mejor de ellos.

La memoria reelabora el recuerdo. De los restos del naufragio rescatamos los materiales para los cimientos de un nuevo proyecto. 

Volvemos al aparcamiento del lago, se completa la vuelta una vez más como se completa un ciclo anual, otra temporada de aciertos y errores, a veces mejor, a veces peor. A veces arrastrándonos, a veces sobrevolando las pistas y senderos como águilas caudalosas.