jueves, 13 de octubre de 2016

Ultra Trail El Rincón (100 Km.): Crónica (¡Ostras, Pedrín, una crónica!)


“La solución a los problemas que ves en tu vida es vivir en tal forma que desaparezca lo problemático."
"Decir que la vida es problemática significa que tu vida no se ajusta a la forma de la vida. En consecuencia, debes cambiar tu vida, y si se ajusta a la forma, desaparece lo problemático."
Ludwig Wittgenstein

Bueno, bonito, barato.

Castelfabib, villa histórica del Rincón
También quizá un poco más duro de lo que creíamos a priori este Ultra Trail del Rincón. "Quizá", porque la dureza de una carrera no está del todo en la carrera misma, sino en nosotros los que corremos sobre todo. En el estado de preparación con el que vamos y el ritmo con el que decidimos afrontarlo. En nuestro caso no íbamos mal del todo, aunque tampoco sobrados, y el ritmo que nos marcamos no era demasiado estresante, en la cola del pelotón, pero tampoco sin apurar los tiempos. Íbamos, como vimos a muchos, a acabar simplemente. Aún así la última parte de la carrera se hacía complicada y los 3700 metros de desnivel positivo se acababan notando.


Para los lectores madrileños debo advertir que no estamos hablando de la Sierra del Rincón que se sitúa en el Oriente de nuestra comunidad autónoma, entre las sierras de Ayllón y Guadarrama, sino en la comarca del Rincón de Ademuz. Uno de esos extraños "exclaves" que se encuentran rodeados de otra provincia como la yema de un huevo frito lo está de su clara. En este caso un trocito de Valencia situado dentro de la provincia de Teruel. 

Históricamente límite entre tres reinos: Valencia, Castilla y Aragón. Y es que antiguamente, en la Edad Media, hace casi un milenio, había muchos, demasiados reyes por aquel entonces... no como ahora, claro...

También es cierto que a día de hoy sigue habiendo dos más de los que yo quisiera.


El equipo (CxC) estaba desperdigado por la Península. Como una plaga bíblica o una insectación, diría alguno. Ramón, "el Lider", en el Ultra Canal de Castilla 80 Km. (décimo de la general, en nueve horas clavadas), yo por el exclave valenciano, con Eduardo, del Tierra Trágame y casi todo el resto en la primera edición de la Transhuman Trail en la que Quique ha tenido la osadía de hacer podio por el sistema de esperar a que cayeran a los largo de sus 240 kilómetros más del sesenta por ciento de los participantes y aguantando con su energía infinita ("más cabezón que un guarro", opinaría el maledicente de antes, el de la plaga bíblica), acabando con mejor cara de la que empezó.


He de reconocer que me da pereza y tengo cierta prevención al hacer una crónica en la que vaya relatando los sitios por los que hemos pasado y las sensaciones que hemos tenido. No por otra cosa, sino porque a mi personalmente me resultan tediosas la mayoría de las crónicas que toman esa forma a fuerza de leer mil veces lo mismo. Nombres de lugares que no conozco, sensaciones que, por el contrario si... ...y se preguntará, llegado a este punto, mi escaso público lector, pero acostumbrado a tediosas parrafadas filosóficas, si es ahora que me va a preocupar aburrirles... ¡pues si!. Si no es con árido pensamiento filosófico, no me agrada la perspectiva.

Por tanto, solamente puedo acompañar estas palabras de unas imágenes (que en estos casos y haciendo bueno el refrán, vale una más de aquellas que mil de estas) y comentar brevemente que el paisaje es bonito, especialmente desde el punto de vista geológico, que la organización es exquisita y que los voluntarios son especialmente amables. Un recorrido balizado a la perfección (al parecer otros años han tenido problemas con algún acto de sabotaje malintencionado). Avituallamientos completos, surtidos y abundantes. Muchos buenos detalles de esos que pasan desapercibidos cuando se cuidan a los corredores que nunca ven la organización de una carrera desde el otro lado, pero que si fallan se nota. Pero sobre todo, una sensación transmitida de simpatía y amabilidad, de esfuerzo porque las cosas salgan bien que se nota en las caras de las personas que están ayudando desde la mesa del avituallamiento. Una carrera "pequeña", pero que despliega una logística increíble para sostener correctamente dos pruebas simultáneamente de cien millas y de cien kilómetros. Algo al alcance de pocos organizadores.

¿Algo malo que reseñar? Nada de importancia. Cierto que un voluntario bienintencionado nos "vendió" como más amable de lo que era el paso por la "senda y pista forestal" por la que discurría la última parte de la carrera. Una senda que cuando recorríamos sobre una plataforma suspendida sobre el agua agarrados a un cable y tratábamos de no caernos a un río helado que nos prometía una neumonía doble al pisar lo que a todas luces era casi una "ferrata", nos parecía con el cansancio de las horas transcurridas y la oscuridad de la noche que nos envolvía, quizá más dura de lo que era, al igual que el amable y bienintencionado voluntario nos parecía mucho menos simpático y nunca hubiese querido escuchar nuestras palabras, que hubiesen puesto colorado hasta las orejas al más malhablado de los transgresores del lenguaje educado.

Pero todo se olvida cuando uno se ducha, duerme un poco y ve que tiene otros cinco puntitos para ir al Ultra Trail del Mont Blanc, si todo va bien, quizá dentro de poco más de año y medio. No hay dos sin tres.

Fotografías cortesía de Telesforo Curras