viernes, 7 de octubre de 2016

Trazando planes

No encontrar el equilibro 
Y agarrarse
Lo contrario de vivir es no arriesgarse 
Fito Cabrales 

Es la época del año en la que empezamos a dar vueltas sobre qué queremos hacer en el que viene. Nos apuntamos, quizá, al gimnasio, a pilates, a estudiar idiomas, empezamos a pensar en carreras para la temporada que se avecina. Algunos suman puntos ITRA, otros hacen el recuento de churripuntos en su haber, la mayoría echan un ojo a la cuenta corriente y a su calendario laboral y el de su pareja.

Nuestra mente construye mundos posibles. Fabrica posibilidades. Mundos que son, cada uno de ellos (en la medida en que nos lo permite nuestra capacidad) un mundo casi como el mundo "real" en que vivimos, pero en el que introducimos deseos, planes, esperanzas. Son una simulación, una imitación que solamente puede funcionar bien si en cada mínimo detalle es exactamente como el mundo real, pero en el que cambia un elemento escogido y, por supuesto, todo lo necesario para que ese cambio sea posible en un universo consistente. Es decir, que si en esa simulación estoy cruzando las montañas en la Travesera de los Picos de Europa (no, no me pillarán), ese mundo contiene también todos los cambios necesarios para que eso sea posible además de la mera carrera. Tenemos constancia de, al menos, un mundo posible, aquel en el que habitamos en acto (un profesor mío proponía el término para referirnos de este mundo posible "el mundo chachi", pero no me convence), el resto son mundos hipotéticos. Podemos considerarles potencias no actualizadas.

Obviamente, aunque haya muchos mundos futuros posibles, solamente habitaremos el presente de uno de ellos.


Lo primero que hacemos es introducir un elemento novedoso, el deseo, el plan, en el mundo posible que imaginamos, y luego exploramos sus consecuencias para crear un mundo consistente en nuestra mente, es decir, sin contradicciones.

Una ontología de la libertad implica necesariamente que luego decidimos y que la toma de la decisión, al transformarse en acto, hace que surja uno u otro universo por causa de nuestra decisión.

Es cierto que la imaginación puede jugar malas pasadas, eso si, si nuestro optimismo nos lleva a confundir lo que son nuestros deseos con unas expectativas poco realistas. Nuestra percepción de la realidad y nuestra capacidad de análisis siempre estará en tela de juicio y son el centro de buena parte de nuestros problemas e infelicidades.


Tantos libros por leer, tantos sitios a los que viajar, tantas cosas que aprender, tantos desafíos que alcanzar. Todo son planes, elecciones, ejercicios de libertad.

Echo cuenta de kilómetros y posibilidades: 42, 65, 100, 170,... navego en la Red, busco carreras, vuelvo a mirar mi presupuesto para deporte y viajes. Los gastos previstos para 2017. Pienso en ello.

Yo pienso muy despacio.

A menudo me doy cuenta de que pienso despacio. No solamente corro despacio, también a la hora de resolver problemas los engranajes mentales me funcionan con diésel y no con queroseno. Personalmente me deslumbra y me encanta entablar conversación con personas que hablan contigo y que se nota que van un minuto por delante de ti. Personas que tienen agilidad y rapidez y encuentran la solución a los problemas a toda velocidad. Yo no soy capaz de hacer eso. Si acaso puedo explorar, tranquilamente eso si, mayor número de posibilidades de un problema de la misma manera que hago largas distancias en vez de buenas marcas. Por eso tengo quizá, como muchos filósofos, más preguntas que respuestas.

Pero bueno, habrá alguna ventaja de pensar despacio. Se me ocurre un paralelismo.

Este año ha habido una cantidad proporcionalmente exagerada de corredores retirados durante las primeras 24 horas del Ultra Trail del Mont Blanc. En teoría, cada año estamos mejores preparados, cada vez los requisitos son más exigentes, tenemos mejores materiales y más experiencia, la motivación para acabar una prueba así es altísima siempre y sin embargo, en una edición que no ha sido climatológicamente adversa, han caído rápidamente muchas personas el primer día y, en las 22 horas restantes, el índice de abandonos ha sido proporcionalmente mucho menor que otras veces.

Ir despacio (pensando) tiene la ventaja de ir más seguro. Pasarse menos bifurcaciones, ver mejor el paisaje general, disfrutar más el recorrido. Cometer menos errores. La velocidad, pensando o corriendo puede ser una gran desventaja cuando vamos por encima de nuestro ritmo natural.

Be finisher my friend!